Hay seres que no pasan anónimos por la vida. Hay seres que intentan ser si mismos y se pierden de estar aquí por vivir ensimismados.
Hay seres que se gastan cada minuto de su existencia trabajando, descubriendo su esencia y propósitos y se arriman a la muerte sin haber completado la tarea
Hay seres que han sabido temprano cuánto hay que darse para poder reencontrarse y en ese exhaustivo camino agotan su batería sin posibilidad de recargarse
Hay seres que van por la vida preguntándose temas estructurales sin prestarle atención a los detalles del camino, desconociendo lo fundamental de las emociones.
Miles, quizás millones, que son borregos porque van consumiendo la vida de otros sin siquiera imaginar la suya.
Otros más, que van anestesiados porque la vida les pesa como una carga ineludible de necesidades y expectativas.
Gente llena de incumplimientos con sus deberes y compromisos autoiimpuestos, sin el reconocimiento de que si bien la vida cuenta, no es una cuenta.
Individuos singulares que se pierden en la histeria colectiva de la fe, la moda, las tendencias de consumo
Todos sin excepción, poseedores de un atributo llamado inteligencia, de un recurso llamado lenguaje, de un medio llamado palabra, abandonamos el sentido mismo de sus significados.
Hay seres que vemos todo esto, entendemos que somos distintos y tenemos algo de cada uno y aún así logramos sorprendernos
Será tal vez porque acumulamos vidas para hacernos los vivos y así no jugarnos trampas con nuestros propios mundos.