viernes, 29 de agosto de 2025

Las primeras citas

 Conocerse es un buen principio. Quizás disfrutar de una buena conversación alrededor de un café para alentar los ánimos o desentender las barreras, todo depende del interlocutor. 

Compartir historias para despejar dudas de la siempre presente ecuación del anonimato, más aún si el encuentro gira en el propósito de resolver los interrogantes naturales cuando estás frente al desconocido que te atrae, porque a través de las historias del otro exploras conexiones y si hallas afinidades conviertes esas reservas de la duda (que deja el primer contacto), permitiéndonos caminar de esa nebulosa curiosidad a la poderosa atraccion.

La secuencia es sencilla (y casi que es una constante en cada encuentro), pasar de un anonimato curioso al estado potencialmente engañoso de creer que le has conocido. 

Vertientes y variantes de resultados por múltiples combinaciones de la experiencia: Quedarse con la primera impresión y tropezar con un muro inescrutable. Unas veces surgen los inevitables patrones de comparación con historias preteritas ( propias y ajenas) que deslucen la ilusión o evocan impresiones de pasados sin resolver, hasta provocar la huida, sin segundo episodio.

Primeras citas sin esperanza de futuro, presente que se queda estacionado en el inventario de los intentos y los embates del destino. Desánimo temporal que se desvanece cuando surge un nuevo contacto ( en el que invitas o te incitan), para intentarlo de nuevo.  

Y es que llegar a la segunda base es de baja probabilidad porque los prejuicios venden más boletas que un cantante famoso. Las premisas son abductores de la voluntad y revictimizan la escena. Nadie quiere revivir experiencias .de forma voluntaria. Es solo una treta del inconsciente que te vuelve a traer al escenario, no para darte la opción de revivir historias, sino para que tengas la oportunidad de resolver pendientes. Así que el ciego es uno. 

Si la fortuna te asiste, (y el interlocutor no te asusta), diremos que la cita fue un éxito y podríamos anunciar la esperanzadora llamada en la que lo desconocido se vuelve conocido, en lo que lo sospechoso se vuelve realmente acogedor y donde el reto inicial de encontrarse con el extraño, se convierta en una escena cálida donde lo insólito se nos vuelve excepcional y el miedo se nos transforma en admiración..De esa forma en que lo fue inexplorado se nos vuelve habitual, es que surge el diálogo que lleva a la buscada admiración por el otro, e incluso lo deseable.se nos vuelve comprensible y sentimos que habrá un tercer encuentro. Solo ahí la admiración le da pies y vida a la devoción. Y entonces valió la pena encontrarse...


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