La lucha diaria por lograr las metas es, para la mayoria de nosotros mortales, una guerra sin cuartel con las vicisitudes y circunstancias que condicionan ese hito que llamamos Exito.
Pero que es el exito? Por que nos empecinamos en medir el nivel de alguien a traves de sus logros y realizaciones? Por qué valoramos el tamaño del atractivo con esa escala?
Es sencillo. Los seres humanos somos competitivos desde nuestros origenes. El homo sapiens comenzo su participacion en este Safari que es la vida, desde que comprendio que otros han de seguir su senda de cazador y de buenas maneras... hasta con su propia especie.
Primitivos o no. Los cazadores sostenian al clan con sus presas y ese era su aporte a la continuidad de la especie y de paso a la conservacion su estructura social. Han pasado miles de años y la incorporacion de la mujer a la fuerza productiva de la sociedad ha elevado el nivel de la competencia por la supervivencia, ya no medida en kilos de presas o frutos de la tierra, sino en el logro de metas y capacidad de producir y , con ello subsanar -ojala en exceso- las necesidades individuales o de su clan.
Hasta aca. Es natural alegrarse por la promocion en la escala vertical de la jerarquia o por el proyecto culminado. El grado obtenido, la vivienda adquirida o el viaje realizado. Todo va bien hasta que el espiral ascendente hala cual centro de tornado a su victima en la vertiginosa y frenetica lucha por sobresalir, ganar visibilidad o aceptacion de forma permanente, convirtiendo el exito en una costumbre ominosa y destructiva del ser. Es ahi cuando la meta no es un sitio o un estado de logro sino una angustia degeneradora de las relaciones humanas.
Acostumbrarse al exito le retira la emoción a la vida, suele convertirse en un placebo para la dificil realidad que nos rodea y genera una barrera protectora invisible y fragil , frente a la inequidad, la incertidumbre y la falta de oportunidades de los "otros". Acostumbrarse al exito insensibiliza y anestesia al ser frente al drama humano de los otros. Los aleja de las crudas realidades para complacerse en su estado privilegiado y cómodo.
Es facil acostumbrarse al placer de ganar. Nadie quiere perder y por eso cada dia es mas dificil lograr que eso sea una verdad pura. Todo el que es apostol del ganar/ganar, no es mas que un individuo que apuesta al perder/perder; porque esa condición implica siempre ceder entre dos - y tener que ceder es perder...asi sea poco-
La pregunta que cabe es: Hasta donde te esfuerzas por alcanzar tus metas? Y que tanto disfrutas y compartes ese bienestar en funcion de un mundo menos dividido y mas amable? Puede una cadena sucesiva de exitos volvernos arribistas y arrogantes frente a la fortuna? O vemos la meta alcanzada como un merito individual y no como la resultante de un esfuerzo en equipo?

No hay comentarios:
Publicar un comentario